GNOME Shell… tan bueno el clásico como el dash

Cuando cursaba el primer año de la licenciatura en diseño gráfico una de las primeras cosas que aprendimos es que existe una máxima que aplica al diseño en general «la forma sigue a la función». En simples palabras, lo que esto significa es que para cada cosa que se diseña –un gráfico, un edificio, un espacio público o hasta un software– debe hacerse pensando en quienes lo van a usar, en como lo van a usar e incluso, en sus costumbres.

Hoy el mundo de la computación está prácticamente regido por aparatos móviles como tablets, teléfonos celulares y notebooks y es dentro este contexto –y precisamente para él– que el diseño de GNOME Shell se pensó y se realizó. Sólo olvidaron un «pequeño» detalle: todos esos gadgets se usan de una manera muy distinta a la tradicional PC de escritorio.

Entre los problemas que nos encontramos quienes usamos ese primer GNOME Shell están:

1.-Las acciones comunes que debemos realizar con el ratón, como arrastrar y soltar algo, o seleccionar un programa para abrirlo, se volvieron más complejas ya que se tenían que realizar en un mayor número de pasos por lo cual se ignoró por completo la Ley de Fitts.

Desde mi punto de vista, el problema aquí es que los iconos usados son tan grandes que impiden crear un menú más compacto lo que hace necesaria una segmentación a la que hay que acceder mediante uno o dos clicks de más. Esto, que es tan común y útil en los dispositivos portátiles porque sus pantallas sueles ser minis, en una PC de escritorio representa una desventaja ya que no es lo mismo señalar un icono con la punta del dedo en una pantalla pequeña, que con un cursor guiado por un ratón en una pantalla grande.

2.-Esto nos lleva a la segunda ley ignorada: la Ley de Hick que reza así; «El tiempo que se tarda en tomar una decisión aumenta a medida que se incrementa el número de alternativas».

Este punto va de la mano con el anterior, ya que al incrementarse el número de acciones –o clicks del ratón– para primero buscar –porque las cosas ya no están donde estaban antes– y después abrir una aplicación o carpeta implica también tomar otra decisión: ¿uso el ratón para navegar o lo suelto y utilizo el teclado para realizar la búsqueda mediante la opción de «Teclear para buscar» del dash?
Este es sólo un ejemplo, pero hay más acciones dentro de GNOME Shell que nos presentan disyuntivas.

3.-Este punto es, a mi parecer, el más importante de todos: la mayoría de las acciones que realizamos mediante el escritorio virtual son acciones realizadas casi por instinto resultado de años de hacer lo mismo.

Pensemos en un conductor que durante años ha conducido un automóvil en el que el pedal del freno está a la izquierda y del acelerador a la derecha y de pronto se encuentra con que debe conducir un vehículo cuyos pedales están invertidos, es decir el del freno a la derecha y el del acelerador a la izquierda.
Es evidente que su capacidad de conducir se verá mermada, el proceso de aprendizaje será más lento porque primero deberá olvidar lo ya conocido para adaptarse a la nueva situación.

Afortunadamente poco a poco GNOME Shell ha ido recuperando esa cara tan bien conocida para los que nos acostumbramos al escritorio «clasico» mediante las famosas extensiones, al grado que quienes nos vemos obligados a trabajar con sistemas operativos diferentes –MacOSX, Linux y Windows– ya no nos tenemos que «switchear» para usar uno u otro entorno.

En este punto me parece genial el hecho que exista un GNOME Shell que pueda usarse mediante el dash y otro que se comporte a la manera clásica, y eso que aun nos falta probar Cinnamon