A partir de las versión 10.10 de Ubuntu, la última con el entrañable entorno en el cual había crecido desde 2008 -Gnome 2-, recogí mis bártulos e inicié mi singladura personal en el desierto del pingüino -el más grande del mundo-, dando tumbos de aquí para allá y probando distros a velocidad meteórica. Y es que lo que había empezado como la búsqueda de un nuevo entorno gráfico, una huida alocada de las garras de Unity y Gnome-Shell, acabó convirtiéndose en la nada sencilla procura de una nueva distro que me convenciese…
Sea como sea, durante ese periplo atribulado de devaneos varios, me topé por el camino con Arch Linux. La cosa no pintaba nada mal y me llamó mucho la atención, pero semejaba una distro compleja, demasiado difícil para un usuario normal y corriente como yo. No obstante, rastreando alternativas me encontré un fork de Arch con KDE de serie y LiveCD, Chakra, en el cual recalé unos 6 meses. En Chakra todo fue una explosión de luz y color; el sistema era rápido, centrado exclusivamente en KDE -que por entonces ya me tenía enamorado-, y sus desarrolladores demostraban un saber hacer admirable. Pero la imposibilidad de instalar otros entornos distintos de KDE o la ausencia de determinados paquetes GTK me hizo replantearme mi decisión -soy muy curioso y necesito experimentar-, y pronto entré otra vez en la órbita de Arch.
Por precaución, mi primera instalación fue en VirtualBox, por eso de no cometer ninguna tropelía en mi ordenador principal, con pérdida de datos incluida o explosiones descontroladas, lo cual me causaría tal profunda desazón que acabaría haciéndome el Harakiri. Pero las prisas y el no fijarme bien en lo que hacía me reportaron nefastos resultados y no tuve éxito en mi empresa; ahora sé cuál fue mi error, pero en aquel momento me había olvidado de crear mi usuario y de agregarlo a los grupos correspondientes para poder usar el PC con normalidad. Un epic fail en toda regla.
Sin embargo, como soy un tipo perseverante que no se rinde jamás, volví a la carga. Encontré una distro llamada Archbang que me ofrecía Arch con Openbox de serie y LiveCD. Era una buena pista para seguir. Lo instalé haciendo DualBoot con Chakra y lo probé durante unos días. Le puse Gnome-Shell, lo configuré, lo probé, lo borré, salté a KDE… Unos días de completa locura. Pero la cuestión es que me cautivaban todas esas posibilidades, el rendimiento, la relativa estabilidad, todos esos paquetes…, y quería hacerlo “bien”, paso por paso. Además, había conseguido un entorno KDE muy parecido al que tenía en Chakra, por lo que ya no había vuelta atrás; una de las dos distros sobraba.
Inmediatamente desinstalé Archbang, me leí unos cuantos tutoriales y tomé extensas notas -bueno, no tan extensas, jaja-, bajé la ISO de Arch Linux (versión Core para más inri), me armé con papel y bolígrafo y decidí que había llegado el momento de enfrentarme a mis demonios linuxeros, mimetizando lo que había hecho el personaje de Bruce Lee en la película La Leyenda del Dragón . El proceso fue mucho más sencillo y rápido de lo que pensaba, y eso que lo estaba haciendo en hardware real, pero me salió a la primera. No me lo podía creer. En un visto y no visto, ya tenía mi Arch operativo con XFCE, entorno que decliné a los pocos días para regresar a mi amado KDE. Soy incorregible.
Esa primera semana aprendí mucho, el tipo de archivos que había que modificar para arreglar pequeños desaguisados, la precaución al realizar según qué tareas, etc. Incluso, después de trastear más de lo debido, me encontré en ocasiones que al reiniciar ni siquiera levantaban las X… pero con paciencia e ingenio, me las arreglé para solventar esos escollos que se me presentaban. Así pues, a la instalación y configuración inicial le siguió una semana de bajar programas y paquetes para afinar y personalizar mi escritorio, porque lo bueno de Arch es que viene sin nada, solo tiene lo que tú decides ponerle. Quizá por eso se torna un sistema al que le coges cariño, por estar hecho a imagen y semejanza de su usuario. Imprime una sensación de que “te lo has ganado”, de que has logrado una pequeña conquista personal. Y me siento orgulloso de ello sin llegar al punto de convertirme en una criatura ególatra o prepotente que mira por encima del hombro a los demás, para empezar porque tampoco es para tanto. Respeto ante todo.
¿Y ahora? No os mentiré: una vez que tienes el sistema instalado y configurado, se vuelve incluso aburrido. Llevo desde noviembre sin un solo problema, sin una sola actualización envenenada. Todos los inconvenientes que me han surgido por el camino eran fruto de mi irresponsabilidad e ignorancia, y además el propio funcionamiento de Arch me había provisto de las destrezas necesarias para solventar esos entuertos. Hoy por hoy puedo afirmar sin temor a equivocarme que es la distro que más se adapta a mis necesidades, a lo que espero de un sistema operativo, y me siento muy contento y cómodo usándolo a diario.
Su inmensa cantidad de paquetes, siempre a la última, añadida a la sencillez de Arch son sus puntos fuertes, en mi opinión. Y qué decir del rendimiento; al ser tan minimalista, es capaz de hacer que KDE arranque con unos 300 megas al inicio (al menos hasta que empiezas a meterle extras y programas en segundo plano). ¿Para qué complicar las cosas innecesariamente? El principio KISS -Keep It Stupid Simple-, me hechizó por completo.
Ciertamente, es una distro que no hace nada de forma automática, y eres tú el responsable de añadir los demonios o los módulos pertinentes al rc.conf, modificar el xinitrc o el inittab, etc. Por no traer, ni trae entorno de escritorio hasta que se lo pones tú. Un enfoque que espantará a los novatos que rehuyen de la terminal, pero que al mismo tiempo también es ideal para aprender Linux rápidamente. Aunque, insisto, solventada la instalación y la configuración inicial, no es necesariamente el sistema más difícil de gestionar o el más exigente en cuanto a conocimientos informáticos. Solo hay que fijarse un poco más y saber bien lo que se hace.
Y ahora, para completar este extenso artículo, un poco de información sobre los gestores de paquetes y algunos tips:
Pacman, el gestor de paquetes
Pacman es, por así decir, una llave inglesa muy sencilla de usar. Con pacman podemos buscar paquetes, instalarlos, eliminarlos, etc. Es el responsable de que haya dejado atrás esos centros de software tan comunes en otras distros, porque la rapidez y sencillez con la que puedo obtener mi software preferido es incomparable.
Un simple pacman -Ss nombredelprograma busca todos los paquetes relacionados, te los ordenada con el número de versión, una descripción, el repositorio en el que están, etc.
Acto seguido, con pacman -S nombredelprogramaelegido instalamos. Pacman se encarga del resto, resuelve las dependencias, etc. Al acabar ya tienes el paquete operativo.
Para desinstalar usamos pacman -R nombredelprograma, aunque yo tengo una pequeña combinación alternativa: pacman -Runs nombredelprograma Esto se encarga de borrar el programa y las dependencias que no estén en uso, prácticamente “deshaciendo” la instalación. A lo mejor sobra alguna letra, pero a mí me funciona bastante bien y nunca me ha dado problemas.
Para liberar la caché de paquetes, tenemos pacman -Scc Nos preguntará si queremos borrar todos los paquetes almacenados en la caché, esos que hemos ido bajando en actualizaciones y tal. Esta tarea se puede ejecutar tranquilamente, siempre y cuando dispongamos de conexión a internet para poder bajar otra vez los paquetes en caso de necesidad. A veces es recomentable mantener paquetes en la caché para un posterior downgrade.
Por último, con pacman -Syu sincronizamos la información con los repositorios y actualizamos completamente el sistema, tarea que se puede realizar diariamente -porque siempre hay paquetes nuevos-. Olvídate de reinstalar el sistema cada 6 meses, puesto que estarás a la última después de cada actualización. No obstante, se aconseja echar un vistazo a los foros oficiales antes de hacer un pacman -Syu, para ver si hay paquetes problemáticos y prevenir descalabros futuros.
Yaourt, la vía de acceso al AUR
Yaourt es el equivalente de pacman en cuanto a la instalación de paquetes del AUR. El AUR es un repositorio en el cual cualquier usuario puede subir sus paquetes y contribuir así a engrosar las ya de por sí amplias opciones de esta magnífica distro. También permite instalar los paquetes de Pacman.
Para poder hacer uso de esta herramienta, sin embargo, primero tenemos que editar el /etc/pacman.conf y agregar uno de los siguientes repositorios al final del archivo, dependiendo de la arquitectura de nuestro PC:
[archlinuxfr] Server = http://repo.archlinux.fr/i686 [archlinuxfr] Server = http://repo.archlinux.fr/x86_64
Una vez hecho eso, en una terminal ejecutamos pacman -S yaourt, aceptamos y listo, ya tendremos la herramienta instalada, y podremos usar yaourt de la siguiente manera:
yaourt -Ss nombreprograma (para buscar paquetes en el AUR).
yaourt -S nombreprograma (para instalarlos).
Cada vez que quieras instalar algo del AUR te hará unas cuantas preguntas, por si quieres editar el PKGBUILD, cancelar la compilación, etc., pero en general puedes pasar de largo e instalar normalmente, fijándote en las dependencias extra que necesita y en los posibles errores arrojados. Como apunte, no se recomienda ejecutar yaourt con el comando sudo. Y para desinstalar o gestionar los paquetes instalados con yaourt, esto es, una vez que ya los tienes dentro de tu ordenador funcionado, se emplea pacman.
Packer, un gestor de paquetes para dominarlos a todos
Packer viene a ser el anillo de Sauron, por utilizar una metáfora de literatura fantástica. Con él se pueden buscar e instalar paquetes de los repositorios oficiales y del AUR al mismo tiempo, con una simple búsqueda, y actualizar todos los paquetes que tengas en el sistema con packer -Syu.
Pero primero hay que instalarlo, así que metemos estos comandos en una terminal, línea por línea (si tienes yaourt instalado, basta con hacer un yaourt -S packer):
cd
sudo pacman -S base-devel wget git jshon
mkdir -p ~/build/packer/
cd build/packer/
wget http://aur.archlinux.org/packages/packer/PKGBUILD
makepkg
sudo pacman -U packer-*.pkg.tar.xz
Cuando haya finalizado, ya podremos usar Packer .
packer -Ss nombreprograma (búsqueda)
packer -S nombreprograma (instalación)
packer -Si nombreprograma (para obtener info)
packer -Syu (para actualizar todo)
Supongo que ya os hacéis una idea. Así pues, es muy sencillo disponer de cantidades ingentes de paquetes, incluso los relativos a entornos propios de otras distribuciones como Cinnamon o Unity. Casi cualquier cosa que puedas imaginar está en los AUR; los usuarios nunca descansan.
Recomendaciones finales
- Jamás de los jamases se te ocurra desinstalar pacman o te enfrentarás a un serio problema.
- Guarda copias de seguridad del xorg, del rc.conf, etc., especialmente antes de actualizar los drivers de la tarjeta gráfica y cosas por el estilo, y revisa esos mismos archivos antes de reiniciar para evitarte sorpresas inesperadas (si has actualizado los drivers Catalyst, por ejemplo). Nunca viene mal tener a buen recaudo unos cuantos backups para sobreponerse a varapalos insalvables.
- Lee habitualmente los foros de Arch para estar al tanto de paquetes problemáticos o actualizaciones asesinas.
- Ante cualquier duda, lo primero que se recomienda es leer la wiki de Arch. Si te metes en los foros oficiales a pedir ayuda, más te vale que la respuesta a tus cuestiones no figure en la Wiki, jaja.
Espero que os haya gustado este extenso artículo. Un saludo.