Es bien sabido que en GNU/Linux hay distribuciones para todos los gustos, y de todos los sabores. Incluso, algunos usuarios renuentes a usarlas, ponen esta virtud como un defecto con el pretexto de que no saben cual escoger entre tantas.
Los lectores (y amigos) que habitualmente visitan DesdeLinux saben, que lo mismo hoy tengo instalado Debian y mañana Archlinux, que viceversa. Pero esto no significa que no tenga bien definido lo que necesito. Soy un usuario al que le gusta aprender y tengo un gran defecto: Versionitis. Pero no hablaré de mi, así que volvamos al tema inicial
¿Qué debemos hacer a la hora de escoger una Distribución? Muy particularmente creo que la primera respuesta a esta pregunta, es otra pregunta (valga la redundancia): ¿Qué necesito de una Distribución? Yo por ejemplo, tengo un amigo que es desarrollador. Cuando hablamos del tema él me dice:
Uso Linux Mint 9 porque necesito optimizar todo el tiempo posible. No puedo malgastarlo poniéndome a configurar todos los elementos del sistema que yo voy a usar. Y necesito que lo que instale, funcione y sea lo más estable posible. Podría usar Debian Stable, pero no están los paquetes que necesito, podría usar Debian Testing, pero no puedo correr el riesgo -por muy raro que sea- de que algo me falle tras una actualización. Linux Mint además tiene los PPA de Ubuntu, donde encuentro muchas cosas útiles y por lo menos en mi caso, todo funciona a la primera.
Definitivamente tiene razón. En mi caso no importa si hoy instalo Arch o Debian y me paso un día entero configurándolo, porque mi trabajo me lo permite y no me exige tanto tiempo. Mi amigo es un usuario que necesita trabajar de inmediato y Linux Mint 9 (equivalente a Ubuntu 10.04) le brinda esa posibilidad.
Pero tengo otro amigo que no es desarrollador sino músico, y usa LMDE (con los repositorios de Squeeze). Pero antes, sacó el listado de paquetes que necesitaba de Ubuntu Studio el cual le hubiese venido de maravillas si no fuese porque se le presentaban problemas con la tarjeta de sonido.
Estos son dos claros ejemplos de necesidades objetivas. Así que lo primero que tenemos que hacer para escoger una distribución es, saber para que la necesitamos. Pero viene otro punto, los recursos con los que contamos. Si tenemos 8Gb de RAM, un i5 y 500Gb de espacio en disco cualquier cosa nos vendría bien, pero no sucede lo mismo cuando nuestro ordenador no sobrepasa los 512 Mb de RAM ¿Cierto?
Entonces lo segundo sería encontrar una distribución que nos brinde lo que necesitamos en cuanto paquetes, pero que nos permite trabajar de forma cómoda sin sacrificar el hardware disponible. Ahí también entra a jugar el Eyecandy en los Entornos de Escritorio.
Y aunque podríamos filtrar un poco más la búsqueda de la Distribución ideal, les dejaré un tercer y último requisito a tener en cuenta, dos preguntas que se relacionan: ¿Tenemos disponible una buena conexión a Internet para obtener los repositorios? ¿Tenemos necesidad de actualizar constantemente?
Conozco personas que aún usan Debian Etch, y no por falta de recursos, sino porque en esa versión tienen todo lo que necesitan para su trabajo diario, no necesitan actualizar nada y como todo funciona: ¿Para qué cambiar? Y es muy cierto. A veces (los que sufrimos de versionitis) queremos tener lo último en paquetes cuando en realidad, lo que tenemos actualmente funciona perfectamente. Pero no siempre tenemos acceso a Internet, o una buena conexión para descargarlos.
En resumen, son 3 los factores más importantes a tener en cuenta:
- ¿Para qué necesitamos la Distribución?
- ¿Con que recursos contamos?
- ¿Tenemos internet? ¿Necesitamos tener acceso diariamente a los repositorios y mantenernos actualizados?
Aunque pensándolo bien, voy a añadir un cuarto requisito extra: Comunidad y Documentación. Pero claro, para llegar a este tendremos que pasar por el tercero